Menos es más
septiembre 16, 2010Siete secretos de la fotografía profesional aplicados a las presentaciones
abril 12, 2010
Los aficionados a la fotografía seguro que conocen “The Digital Photography Book”, imprescindible libro de Scott Kelby sobre fotografía digital. Releyéndolo recientemente me he encontrado en él con las siguientes reflexiones:
“Uno de los grandes secretos para crear instantáneas urbanas y de viajes que sean potentes y dramáticas consiste en esforzarse por lograr la simplicidad. Busca la simplicidad en los fondos, en las fotos de gente, en los elementos arquitectónicos, en cada aspecto: cuanto más simples sean los alrededores, mayor el impacto… Busca la ausencia de distracción. Busca la ausencia de abarrotamiento y de ruido, elimina elementos de distracción deslizándose por los bordes superiores y laterales de tu encuadre, y crearás fotos con gran impacto: no tanto por lo que tienen, sino por lo que no tienen: montones de basura.
—Scott Kelby, “The Digital Photography Book”
Las fotografías profesionales y las buenas presentaciones tienen mucho en común
¿En qué se parece una fotografía a una presentación? Se nos pueden ocurrir muchas semejanzas:
1. Simplicidad
Lo que no aporta nada es mejor no sacarlo. O dicho de otra forma, es más importante lo que dejas fuera de la foto que lo que metes en el encuadre, incluyendo los elementos, así como también el color y la textura, porque cualquier cosa que no aporte nada, lo único que hace es distraer.
2. Composición
Todos los elementos de una buena fotografía están equilibrados en una relación armoniosa entre unos y otros y dirigen la atención al punto principal de interés.
3. Diseño
Contemplada en su conjunto, una buena fotografía presenta un único tema al observador. Incluso cuando se la contempla desde la distancia, queda patente el diseño subyacente.
4. Imaginería visual
Una buena fotografía es rica en todas las dimensiones de la imaginería sensorial, incluyendo textura, puntos destacados, patrón, forma y el uso del espacio.
5. Emoción
Una buena fotografía crea una respuesta emocional y consigue que los observadores se sientan como si realmente estuvieran allí.
6. Información
Cada región de una buena fotografía presenta información que contribuye a la fuerza total de la imagen. El espacio en blanco resulta aceptable si contribuye al conjunto de la imagen.
7. Deseo
La imagen es tan convincente que el observador siente el irreprimible deseo de entrar en ella y formar parte de la escena.
Sigue estos consejos y tus presentaciones destacarán con calidad profesional
La siguiente fotografía de Scott Kelby ilustra estas características. ¿También tus presentaciones?
(Entrada escrita con la colaboración de Oscar García Peinado)
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¿Se te ocurren otras semejanzas entre la fotografía profesional y las buenas presentaciones? ¿Se te ocurre alguna otra fuente de semejanzas con las buenas presentaciones?
Presentaciones a 120 Km/h
julio 22, 2009
La próxima vez que circules por una carretera a 120 Km/h, fíjate en las vallas publicitarias. ¿Cómo son? ¿Contienen un título y numerosas viñetas y subviñetas para comunicar su mensaje, acompañadas de una imagen de clipart para rellenar el espacio? ¿O constan más bien de una fotografía impactante y un breve texto escrito en una fuente de enorme tamaño? ¿Cuánto tiempo tardas en captar el mensaje de la valla? No más de 3 ó 4 segundos, ¿verdad? El tiempo en pasar por delante a esa velocidad.
Simplifica tus transparencias
Uno de los mayores problemas que presentan nuestras transparencias es el exceso de información demasiada información confunde. Por lo general, las transparencias son demasiado complejas, contienen muchas ideas, lo que dificulta su comprensión. Cada transparencia debería ser simple e idealmente no contener más de una sola idea.
Cuando una transparencia es simple, su sentido puede captarse en unos pocos segundos. A partir de ese momento, la atención se centra en el ponente y abandona la pantalla. Si la transparencia es muy compleja, el público pasará el tiempo intentando desentrañarla en lugar de escucharte. Simplificando las transparencias atraes sobre ti la atención de la audiencia.
El test de la valla publicitaria
Cuando hayas creado tu presentación, realiza el siguiente test. Imagina que tu transparencia apareciese en una valla publicitaria. Si circularas a 120 Km/h, ¿podrías comprenderla en su totalidad en 3 ó 4 segundos? Si la respuesta es negativa, seguro que aún puedes eliminar algún elemento. ¡Simplifica tus transparencias!
El test del clasificador
Si no quieres usar la imaginación, usa el clasificador de diapositivas de PowerPoint. Aumenta el zoom al máximo y comprueba si pueden leerse y comprenderse todas y cada una de las transparencias. En caso negativo, piensa en rehacer las ilegibles. ¡Simplifica tus transparencias!
Y recuerda, que simplicidad significa lograr el máximo efecto con los mínimos elementos. Cuando no puedas eliminar nada más de una transparencia consiguiendo que el mensaje aún siga comunicándose, entonces tu transparencia será realmente simple.
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¿Son simples tus transparencias? ¿Dónde poner el límite?
La Maldición del Conocimiento: cuanto más sabes, peor te explicas
mayo 14, 2009
Describen los hermanos Heath en su libro “Pegar y pegar” un sencillo experimento psicológico en el cual a los sujetos se les asignaba uno de sendos roles: “tamborileros” u “oyentes”. Los tamborileros recibían una lista de 25 canciones muy conocidas, como “Cumpleaños Feliz”. A cada tamborilero se le solicitaba que eligiera una canción y tamborileara golpeando con los dedos sobre la mesa el ritmo de la misma a un oyente. El trabajo del oyente consistía en adivinar la canción, basándose en el ritmo siendo tamborileado.
Durante el curso de los experimentos, se llegaron a tamborilear 120 canciones. Los oyentes adivinaron solamente el 2,5% de las canciones: 3 de 120. Para hacer el experimento más interesante, antes de que los oyentes dijeran el título de las canciones, se les pidió a los tamborileros que predijeran la probabilidad de que los oyentes las adivinasen. Aseguraron aquéllos que la probabilidad sería del 50%. Sin embargo, aunque los tamborileros predijeron que conseguirían hacer llegar su mensaje 1 de cada 2 veces, solamente lo consiguieron 1 de cada 40. ¿Por qué este fracaso tan estrepitoso?
Cuando el tamborilero tamborilea, oye la canción en su cabeza. En el experimento, los tamborileros se quedan estupefactos al comprobar lo difícil que les resulta a los oyentes adivinar la canción. ¿No es la canción evidente?
El problema radica en que los tamborileros han recibido información (el título de la canción) que vuelve imposible para ellos imaginarse lo que es carecer de esa información. Se trata de la “Maldición del Conocimiento”.
Una vez que conocemos algo, nos resulta muy duro imaginarnos cómo era no conocerlo
Hemos sido “malditos” por el conocimiento. En consecuencia, se nos hace difícil compartir nuestro conocimiento con otros porque somos incapaces de re-crear el estado mental de nuestra audiencia. Cuando presentamos, a menudo está sonando en nuestra cabeza una melodía que la audiencia no puede escuchar. Como en el experimento de los tamborileros y oyentes, existe un desequilibrio insalvable entre la información en poder de unos y de otros, lo que imposibilita la comunicación.
Si das por hecho que la audiencia posee la misma información (o el mismo conocimiento) que tú y no es así, no lograrás conectar con ella. Este es el problema de la mayoría de oradores que saben tanto sobre un tema que terminan quedándose solos cuando hablan sobre él: han olvidado cómo era vivir sin ese conocimiento que ahora dominan, han perdido la capacidad de empatía, es decir, de ponerse al mismo nivel que el otro.
Cómo exorcizar la Maldición del Conocimiento
Los hermanos Heath proponen en su libro seis principios para combatir la Maldición del Conocimiento y conseguir que tu mensaje llegue a la audiencia:
- La idea debe ser simple
- La idea debe ser inesperada
- La idea debe ser concreta
- La idea debe ser creíble
- La idea debe ser emotiva
- La idea debe contar una historia
Si nuestra presentación adopta estos principios, estaremos más cerca de haber roto la Maldición del Conocimiento que pesa sobre nosotros por el mero hecho de ser expertos en un tema.
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10 claves para crear transparencias legibles (III)
abril 2, 2009
En una entrevista realizada por Olga Llopis, el tipógrafo argentino Eduardo Manso realizaba declaraciones tan interesantes como las siguientes:
“La tipografía es la materia prima del diseño gráfico y, como en la cocina, si usas buenos ingredientes tienes más posibilidades de preparar un buen plato. Los grandes diseñadores se distinguen de los buenos diseñadores por cómo eligen y usan las tipografías.”
Clave 6. Utiliza fuentes que sean fáciles de leer
Una vez más, a la hora de elegir la tipografía para las transparencias de tu presentación, también se aplica el principio de la navaja de Ockham o de la simplicidad. A lo mejor puedes sentirte tentado de pensar que una fuente extravagante te hará parecer sofisticado. Pues no. Aunque a ti te parezca estupenda, la audiencia la percibirá como un obstáculo. En lugar de mejorar el diseño, conseguirás que la audiencia deba esforzarse más para el descifrar el texto de tus transparencias. Tu objetivo fundamental a la hora de elegir una tipografía u otra debe ser su claridad y legibilidad en pantalla durante la presentación. Que quede bien en un informe, no significa que se lea bien en una sala en penumbra sobre una pantalla de pobre resolución y escasos lúmenes. La audiencia no quiere esforzarse, quiere que se lo den todo mascado.
La tabla periódica de las tipografías puede ayudarnos a decidirnos por una tipografía u otra a la hora de elegir. Esta tabla agrupa las 100 tipografías más populares e influyentes hoy en día. Su análisis puede servirte de inspiración a la hora de seleccionar la tipografía más adecuada para el estilo de tu presentación.
Clave 7. Utiliza fuentes sin serif
Los tipos de letra se dividen en dos grandes familias: con serif y sin serif. Los tipos con serif (tales como Times New Roman o Palatino) presentan pequeños pies y ganchos al final de las líneas; los tipo sin serif (como Arial o Verdana) solamente presentan rasgos rectilíneos. En la pantalla de una sala de conferencias con baja iluminación, los tipos sin serif se leen mejor que los serif precisamente por carecer de esos pequeños pies y ganchos. Por consiguiente, cuando tengas que elegir el tipo de letra de tu próxima presentación, decántate por uno sin serif. Los ojos de tu audiencia te lo agradecerán.
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marzo 31, 2009
Cuando Vijay abrió su tienda colocó un cartel sobre la puerta con el texto “Aquí Nosotros Vendemos Pescado Fresco”. Al verlo su padre, se detuvo y le dijo que la palabra “Nosotros” sugería un énfasis en el vendedor más que en el comprador y realmente no hacía falta. De modo que el cartel fue cambiado a “Aquí Pescado Fresco a la Venta”.
Pasó su hermano y le sugirió que la palabra “Aquí” podía eliminarse: era totalmente superflua. Vijay estuvo de acuerdo y cambió el anuncio a “Pescado Fresco a la Venta”.
A continuación, llegó su hermana y opinó que el cartel debería decir solamente “Pescado Fresco”. Claramente, allí se estaba vendiendo pescado, ¿qué otra cosa iba a hacer si no su hermano con todo ese pescado?
Más adelante, su vecino acudió a felicitarle por el nuevo negocio y le mencionó que todos los transeúntes podrían darse cuenta de que el pescado era realmente fresco nada más verlo. Mencionarlo expresamente podría de hecho ser interpretado como una postura defensiva porque hubiera dudas acerca de su frescura. Sería mucho mejor si el cartel solamente contuviera la palabra “Pescado”.
Al día siguiente, cuando Vijay volvía a su tienda por la mañana se dio cuenta de que desde muy lejos podía identificarla por el olor, desde una distancia desde la cual el cartel aún no era legible. Comprendió entonces que ni siquiera había necesidad de la palabra “Pescado”.
—Garr Reynolds, “Presentation Zen”
En diseño, la simplicidad es preferible a la complejidad
Hurgando en el libro “Principios universales de diseño” he encontrado otro principio de especial aplicación en el diseño de transparencias para tus presentaciones. Se trata del principio conocido como Navaja o Rasero de Ockham, el cual puede formularse así:
“Entre diseños de funcionalidad equivalente, debería seleccionarse el más simple.”
—Principios universales de diseño
Este principio recibe otros nombres alternativos como ley de la parsimonia, ley de la economía o principio de la simplicidad. Subyacente al principio nos encontramos con la idea de que los elementos innecesarios disminuyen la eficacia de un diseño a la vez que aumentan la probabilidad de consecuencias no anticipadas. En el caso de una presentación, la complejidad excesiva en una transparencia puede tener consecuencias indeseadas como la pérdida de atención de la audiencia, su irritación por no comprender nada, su aburrimiento, su desconexión total, etc.

En estas transparencias utilizadas por Steve Jobs podemos comprobar cómo sólo se utiliza información relevante, eliminando lo superfluo
Nuevamente, este principio nos hacer retornar a los conceptos esenciales en diseño de que “Menos es más” y de que “El exceso es ruido”. Un buen ejemplo de diseño altamente funcional y muy simple es la página de Google, el buscador más potente de la Tierra.
Cuando diseñes tu próxima transparencia, plantéate si de verdad es necesario incluir toda esa información: gráficos, textos, diagramas, imágenes, logos, etc. ¿Todo eso en una SOLA transparencia? ¿Seguro que no puedes simplificarla? Podrás eliminar lo superfluo. Podrás segmentar el contenido en varias transparencias. Podrás aumentar el tamaño de las fuentes. ¡Afeita tu presentación con la navaja de Ockham!
Recuerda. En diseño, lo que no suma, resta.
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Presentaciones pegadizas
enero 28, 2009
¿Por qué unas ideas resultan memorables y prosperan mientras que otras mueren en el olvido? ¿Qué podemos hacer para que nuestras ideas más valiosas disfruten de mayores oportunidades de sobrevivir? El libro “Made to stick” (título traducido con poca fortuna al español como “Pegar y pegar“, cuando una traducción más feliz podría haber sido “Ideas pegadizas”) busca dar respuesta a estos importantes interrogantes. Los autores se lanzaron a la investigación de por qué unas ideas resultan pegadizas: se propagan, se entienden, se recuerdan y causan un efecto duradero, modificando las opiniones o las conductas de nuestro público. Tras analizar cientos de ideas pegadizas, observaron una y otra vez los mismos seis principios en funcionamiento.
Principio 1: La idea debe ser simple
Resulta fundamental encontrar el núcleo de nuestra idea o de nuestro mensaje, para lo cual debemos ser maestros de la eliminación. Debemos excluir sin piedad todo lo que no es importante, todo lo que no sea de la máxima prioridad. Si al leer un libro lo subrayas entero, es como si no hubieras subrayado nada. Y recuerda, simple no es sinónimo de vulgar. Podemos encontrar magníficos ejemplos de ideas simples y profundas a la vez en refranes y proverbios.
Principio 2: La idea debe ser inesperada
Para que nuestras ideas lleguen a la audiencia debemos ser capaces de atraer y mantener su interés. Podemos utilizar la sorpresa para captar el interés y la curiosidad para mantenerlo. Un buen método consiste en abrir lagunas en el conocimiento de la audiencia y llenar posteriormente esas lagunas, dando respuesta a los interrogantes planteados o ayudándoles a que las descubran por sí mismos. Podemos acompañar a la audiencia a través de una aventura de descubrimiento de nuevos conocimientos.
Principio 3: La idea debe ser concreta
Las abstracciones no se recuerdan. Las ideas pegadizas siempre rebosan de imágenes concretas. Hablar en un lenguaje concreto y visual es la única manera de asegurar que nuestra idea llegará con claridad a todos en la audiencia. Lo concreto sobrevive. Una vez más los refranes demuestran este principio concisamente: más vale pájaro en mano que ciento volando.
Principio 4: La idea debe ser creíble
El público debe creer en nuestras ideas. Por desgracia, a menudo el único recurso que se nos ocurre es echar mano de datos y más datos, enterrando a la audiencia bajo montañas de estadísticas. Lo importante no son los números sino su contexto y su significado. Debemos buscar formas de ganar credibilidad ante la audiencia, pero sin aburrirla. En función de la ocasión servirá nuestro propio prestigio profesional o el de alguien a quien citemos, los datos que esgrimimos, los resultados de los experimentos, el material gráfico mostrado, etc.
Principio 5: La idea debe ser emotiva
¿Cómo conseguir que la audiencia se interese por nuestra idea, que le preocupe, que le afecte? Haciéndoles sentir algo. Sentimos emociones por la gente, no por abstracciones. La audiencia no está compuesta por procesadores mecánicos limitados a digerir listas de datos y hechos, la audiencia está compuesta por seres emocionales. Es más eficaz plasmar nuestras ideas en términos humanos.
Principio 6: La idea debe contar una historia
Los seres humanos somos narradores naturales de historias. Desde contar lo que nos pasó en el atasco durante el trayecto al trabajo hasta lo que nos respondió el profesor cuando no supimos la lección, las historias humanas llenan nuestras vidas. La historia es la forma de comunicación y expresión personal más eficaz desarrollada por el hombre. Nos sentimos atraídos de forma natural hacia las historias: cine, novelas, teleseries, dibujos animados, comics, chistes, … ¡amamos las historias! ¿Por qué nos olvidamos de ellas durante las presentaciones? En vez de mostrar datos, cuenta historias.
Paradójicamente, Pegar y pegar es uno de los libros donde más ideas valiosas he extraído para mejorar las presentaciones, teniendo en cuenta que no es un libro que hable sobre presentaciones en absoluto. Para destacar en el arte de presentar no necesitas dominar el funcionamiento de PowerPoint, sino saber crear y transmitir ideas. Eso sí, ideas pegadizas.
FICHA TÉCNICA
Autores: Chip Heath y Dan Heath
Título: Pegar y pegar
Editorial: Lid
Páginas: 267
Lo mejor: sin duda alguna, ayuda a diseñar presentaciones pegadizas.
Lo peor: excesivamente largo y repetitivo a veces, violando en cierta medida los principios que predica, especialmente el de la simplicidad.
Dónde comprarlo: Casa del Libro :: Amazon.com :: Amazon.es
La mucha información confunde más que orienta
noviembre 18, 2008
Escucho en la radio acerca de la reciente publicación de un estudio sobre la señalización de tráfico en quince países de la Unión Europea, con la participación de los distintos clubes automovilísticos. Una de las conclusiones más preocupantes del estudio revela que seis de cada diez europeos tienen problemas para comprender correctamente la señalización de la carretera. Según recoge el informe, un 53,6% de conductores españoles considera que hay demasiadas señales de dirección en un solo punto; el 39,3% que las señales son difíciles de reconocer por la existencia de vallas u otros obstáculos; y el 35%, que la información de las mismas es muy compleja.
Por otro lado, el estudio antes aludido revela también que, al parecer, la señalización en las vías urbanas no es la más adecuada. Según Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados, el motivo puede atribuirse a que
“las señales las hacen personas que conocen el lugar y dan por supuesto que los usuarios saben a dónde deben dirigirse, y no se ponen en el lugar de las personas que desconocen el lugar”.
A continuación muestro un vídeo donde se recoge la noticia:
Como puede verse, la situación de desinformación y mala comunicación es preocupante.
Qué nos enseñan las señales de tráfico
¿Podemos extraer alguna enseñanza de este estudio no sólo como conductores, sino también como presentadores? Seguro que sí.
- Menos es más. Demasiada información no sólo no ayuda a comprender mejor el mensaje, sino que confunde y desorienta. Las transparencias deben ser sencillas, sin incluir demasiados elementos, eliminando todo lo superfluo, como clipart, logos, cabeceras, pies, y demás elementos que no hacen bonito y sólo sirven para distraer y añadir ruido. Si una transparencia contiene demasiada información, entonces ésta debería repartirse entre dos, tres o más transparencias, de manera que se alcance un equilibrio. No por incluir mucha información en una transparencia se verán más claramente las relaciones entre los datos. El cerebro tiene una capacidad limitada de procesamiento y asimilación de información y resulta muy fácil saturarla. Ahora bien: simplifica, pero sin pasarte.
- No asumas que la audiencia sabe tanto como tú. Si no te metes en la piel de la audiencia, te resultará difícil sintonizar con sus conocimientos y expectativas. Como consecuencia, la presentación no conectará con ella y acabará en fracaso. Cuando sabemos mucho sobre un tema, puede resultarnos casi imposible imaginarnos que otras personas no sepan tanto como nosotros. Es lo que Chip y Dan Heath denominan la “maldición del conocimiento”. Encuentra cuál es el lenguaje de la audiencia y háblalo. Tú debes ponerte a su nivel, no esperes que ella se eleve al tuyo.
Recordemos estas enseñanzas en todas nuestras presentaciones y podremos transportar a la audiencia sin accidentes hasta el destino.
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Escrito por Gonzalo Álvarez Marañón 






Cuando Vijay abrió su tienda colocó un cartel sobre la puerta con el texto “Aquí Nosotros Vendemos Pescado Fresco”. Al verlo su padre, se detuvo y le dijo que la palabra “Nosotros” sugería un énfasis en el vendedor más que en el comprador y realmente no hacía falta. De modo que el cartel fue cambiado a “Aquí Pescado Fresco a la Venta”.














