Afeita tus presentaciones con la Navaja de Ockham

marzo 31, 2009

Nosotros Vendemos Pescado Fresco AquíCuando Vijay abrió su tienda colocó un cartel sobre la puerta con el texto “Aquí Nosotros Vendemos Pescado Fresco”. Al verlo su padre, se detuvo y le dijo que la palabra “Nosotros” sugería un énfasis en el vendedor más que en el comprador y realmente no hacía falta. De modo que el cartel fue cambiado a “Aquí Pescado Fresco a la Venta”.

Pasó su hermano y le sugirió que la palabra “Aquí” podía eliminarse: era totalmente superflua. Vijay estuvo de acuerdo y cambió el anuncio a “Pescado Fresco a la Venta”.

A continuación, llegó su hermana y opinó que el cartel debería decir solamente “Pescado Fresco”. Claramente, allí se estaba vendiendo pescado, ¿qué otra cosa iba a hacer si no su hermano con todo ese pescado?

Más adelante, su vecino acudió a felicitarle por el nuevo negocio y le mencionó que todos los transeúntes podrían darse cuenta de que el pescado era realmente fresco nada más verlo. Mencionarlo expresamente podría de hecho ser interpretado como una postura defensiva porque hubiera dudas acerca de su frescura. Sería mucho mejor si el cartel solamente contuviera la palabra “Pescado”.

Al día siguiente, cuando Vijay volvía a su tienda por la mañana se dio cuenta de que desde muy lejos podía identificarla por el olor, desde una distancia desde la cual el cartel aún no era legible. Comprendió entonces que ni siquiera había necesidad de la palabra “Pescado”.

—Garr Reynolds, “Presentation Zen”

En diseño, la simplicidad es preferible a la complejidad

Hurgando en el libro “Principios universales de diseño” he encontrado otro principio de especial aplicación en el diseño de transparencias para tus presentaciones. Se trata del principio conocido como Navaja o Rasero de Ockham, el cual puede formularse así:

“Entre diseños de funcionalidad equivalente, debería seleccionarse el más simple.”

—Principios universales de diseño

Este principio recibe otros nombres alternativos como ley de la parsimonia, ley de la economía o principio de la simplicidad. Subyacente al principio nos encontramos con la idea de que los elementos innecesarios disminuyen la eficacia de un diseño a la vez que aumentan la probabilidad de consecuencias no anticipadas. En el caso de una presentación, la complejidad excesiva en una transparencia puede tener consecuencias indeseadas como la pérdida de atención de la audiencia, su irritación por no comprender nada, su aburrimiento, su desconexión total, etc.

En estas transparencias utilizadas por Bill Gates podemos comprobar el exceso de ruido

En estas transparencias utilizadas por Bill Gates podemos comprobar el exceso de ruido

En estas transparencias utilizadas por Steve Jobs podemos comprobar cómo sólo se utiliza información relevante, eliminando lo superfluo

En estas transparencias utilizadas por Steve Jobs podemos comprobar cómo sólo se utiliza información relevante, eliminando lo superfluo

Nuevamente, este principio nos hacer retornar a los conceptos esenciales en diseño de que “Menos es más” y de que “El exceso es ruido”. Un buen ejemplo de diseño altamente funcional y muy simple es la página de Google, el buscador más potente de la Tierra.

Cuando diseñes tu próxima transparencia, plantéate si de verdad es necesario incluir toda esa información: gráficos, textos, diagramas, imágenes, logos, etc. ¿Todo eso en una SOLA transparencia? ¿Seguro que no puedes simplificarla? Podrás eliminar lo superfluo. Podrás segmentar el contenido en varias transparencias. Podrás aumentar el tamaño de las fuentes. ¡Afeita tu presentación con la navaja de Ockham!

Recuerda. En diseño, lo que no suma, resta.

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La mucha información confunde más que orienta

noviembre 18, 2008

tunelEscucho en la radio acerca de la reciente publicación de un estudio sobre la señalización de tráfico en quince países de la Unión Europea, con la participación de los distintos clubes automovilísticos. Una de las conclusiones más preocupantes del estudio revela que seis de cada diez europeos tienen problemas para comprender correctamente la señalización de la carretera. Según recoge el informe, un 53,6% de conductores españoles considera que hay demasiadas señales de dirección en un solo punto; el 39,3% que las señales son difíciles de reconocer por la existencia de vallas u otros obstáculos; y el 35%, que la información de las mismas es muy compleja.

Por otro lado, el estudio antes aludido revela también que, al parecer, la señalización en las vías urbanas no es la más adecuada. Según Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados, el motivo puede atribuirse a que

“las señales las hacen personas que conocen el lugar y dan por supuesto que los usuarios saben a dónde deben dirigirse, y no se ponen en el lugar de las personas que desconocen el lugar”.

A continuación muestro un vídeo donde se recoge la noticia:

Como puede verse, la situación de desinformación y mala comunicación es preocupante.

Qué nos enseñan las señales de tráfico

¿Podemos extraer alguna enseñanza de este estudio no sólo como conductores, sino también como presentadores? Seguro que sí.

  • Menos es más. Demasiada información no sólo no ayuda a comprender mejor el mensaje, sino que confunde y desorienta. Las transparencias deben ser sencillas, sin incluir demasiados elementos, eliminando todo lo superfluo, como clipart, logos, cabeceras, pies, y demás elementos que no hacen bonito y sólo sirven para distraer y añadir ruido. Si una transparencia contiene demasiada información, entonces ésta debería repartirse entre dos, tres o más transparencias, de manera que se alcance un equilibrio. No por incluir mucha información en una transparencia se verán más claramente las relaciones entre los datos. El cerebro tiene una capacidad limitada de procesamiento y asimilación de información y resulta muy fácil saturarla. Ahora bien: simplifica, pero sin pasarte.

Menos es más

  • No asumas que la audiencia sabe tanto como tú. Si no te metes en la piel de la audiencia, te resultará difícil sintonizar con sus conocimientos y expectativas. Como consecuencia, la presentación no conectará con ella y acabará en fracaso. Cuando sabemos mucho sobre un tema, puede resultarnos casi imposible imaginarnos que otras personas no sepan tanto como nosotros. Es lo que Chip y Dan Heath denominan la “maldición del conocimiento”. Encuentra cuál es el lenguaje de la audiencia y háblalo. Tú debes ponerte a su nivel, no esperes que ella se eleve al tuyo.

No asumas que la audiencia sabe tanto como tú

Recordemos estas enseñanzas en todas nuestras presentaciones y podremos transportar a la audiencia sin accidentes hasta el destino.

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