El general chino Sun-Tzu vivió en torno al siglo VI aC y escribió uno de los tratados de estrategia militar más famosos de todos los tiempos: El Arte de la Guerra. Más que un manual sobre prácticas militares, se trata de un ensayo filosófico sobre cómo resolver conflictos. De esta pequeña gran obra pueden extraerse enseñanzas de aplicación en numerosas situaciones de la vida cotidiana, hasta el punto de que se ha convertido en una referencia ya clásica en el ámbito de la gestión empresarial.
Una de las citas más conocidas y profundas del libro puede traducirse aproximadamente como:
“Conoce a tu enemigo y conócete a ti mismo, y saldrás triunfador en mil batallas.”
Sin ánimo de retratar a la audiencia como el enemigo ni al acto de presentar como una guerra, podríamos reformular esa máxima como “Conoce a tu audiencia“. En efecto, éste debería ser nuestro mantra. Al afrontar cualquier presentación nos esforzaremos por conocer bien a la audiencia ante la cual vamos a presentar. Una estrategia abocada al fracaso más estrepitoso consiste en dar la misma charla a piñón fijo en todos los foros sin importar para nada el tipo de audiencia en cada caso.
Debemos contemplar nuestra presentación como un diálogo con la audiencia, nunca como un monólogo
La mejor forma de mostrar respeto por la audiencia consiste en preocuparnos por ella. Debemos ser sensibles a sus necesidades e intereses y reflexionar sobre las siguientes preguntas:
- ¿Qué saben sobre el tema? Si asumimos que la audiencia sabe más de lo que realmente sabe y utilizamos un lenguaje, gráficos y conceptos ajenos, no conectaremos con ella e incluso podríamos intimidarla. Si asumimos que sabe menos de lo que realmente sabe, la aburriremos e incluso irritaremos.
- ¿Qué esperan aprender de mi charla? La audiencia asiste a una presentación con unas expectativas concretas. Si las ignoramos y no sabemos satisfacerlas, se marchará con la sensación de que la charla ha sido una pérdida de tiempo.
- ¿Cómo puede mi presentación serles de utilidad? El protagonista es la audiencia, no yo. No subimos al estrado para lucirnos, sino para comunicar. Cada idea, cada transparencia, cada palabra, deben estar presentes con la única intención de ayudar a la audiencia a comprender el mensaje. Lo que no contribuya a comunicar mejor, debe eliminarse.
Una presentación preparada con la intención de dar respuesta a estas preguntas tiene mayores posibilidades de éxito que una en la que el orador sólo se preocupa por demostrar lo mucho que sabe sobre el tema. Conozcamos a nuestra audiencia y conozcámonos a nosotros mismos, y triunfaremos en mil presentaciones.








Tocas un tema fundamental que por desgracia se tiene muy poco en cuenta. El receptor es un elemento clave a la hora de decidir cómo transmitir un mensaje. Además de concentrar la idea en tres preguntas clave que “me conviene no olvidar” me has aportado un título que jamás se me hubiera ocurrido incorporar a mi biblioteca.
En cuanto termine el que tengo entre manos lo busco y ya te comentaré si las expectativas que crea tu comentario se han cumplido.
[...] Sun-Tzu y el Arte de Presentar [...]
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[...] podemos servir café para todos. Ya he mencionado en más de una ocasión que debemos conocer a nuestra audiencia y adaptar a ella nuestra presentación. Esta tarea resulta [...]
[...] No busca la manipulación de los asistentes a la presentación, busca transmitir, comunicar, conectar, no causar admiración por sí mismo. A veces constituye la única herramienta para alcanzar ese objetivo fundamental de conectar con la audiencia. [...]
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[...] Nunca deberías pretender querer contarlo todo y mucho menos ponerlo todo en las propias transparencias. Ninguna presentación, por buena que sea, puede abarcarlo todo. Para cubrir todos los detalles ya están los libros de actas con las ponencias puestas por escrito o los informes o cualquier otro tipo de documento en papel. El documento escrito sí puede cubrirlo todo, pero la presentación oral sólo puede cubrir algunos detalles, cuya cantidad dependerá del tiempo asignado y de la audiencia. [...]
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[...] La presentación fracasa en mostrarle a la audiencia cómo puede beneficiarse de la información vertida. Cuántas veces no te habrá ocurrido sentarte durante una presentación sin parar de preguntarte: “¿Y a mí qué?”. [...]
[...] se trata el tema. La respuesta requiere imaginación y sensibilidad y depende en gran medida del tipo de audiencia: cuánto sabe ya sobre el tema y cuánto más desea o necesita [...]
[...] Yo hablo de lo que a mí me interesa. Al público es mejor no tenerlo en cuenta a la hora de seleccionar el tema ni el enfoque ni la profundidad, porque carece de mi nivel de [...]
[...] la audiencia no podrá formarse juicios, tomar decisiones o emprender acciones. 6. Familiaridad: Conoce a tu audiencia. Adapta tu historia a la audiencia, tanto las palabras como los gráficos, para poder contársela [...]
[...] Conocer a tu audiencia facilita la comunicación y ayuda a crear una relación favorable y confortable. Antes de empezar a preparar una presentación, considera siempre las siguientes cuestiones sobre el tipo de audiencia: [...]
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