Quentin Tarantino y la representación circular de datos

Noviembre 21, 2008

En una entrada reciente hablaba de nuevas formas creativas de representar la información, entre ellas, la representación circular de datos. El diseñador gráfico británico Adam Thurland ha creado unos originales posters para un festival de cine sobre las películas de Quentin Tarantino, sirviéndose de un sistema gráfico circular, usado para presentar estadísticas. En este caso, se ha utilizado para representar la interacción de los personajes dentro de las escenas de la película.

(Vía Esquizopedia)

Las tendencias de la Web en formato de plano de metro

Otro de los tipos de representación gráfica reseñado en la entrada anterior del blog consistía en un mapa de metro para mostrar las tendencias de la Web. Los creadores de este mapa, Information Architects, han publicado la nueva versión actualizada.

Resulta esperanzador comprobar que existe vida más allá de los gráficos predeterminados del PowerPoint.

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El gráfico de porciones más sabroso

Noviembre 20, 2008

¿Quién dijo que los gráficos de porciones no son apetitosos para la audiencia? La empresa Mary & Matt comercializa una original tarta de chocolate en forma de gráfico de porciones. Las proporciones entre los distintos chocolates saltan a la vista: 70% de chocolate con leche, 20% negro, 10% blanco.

(Vía Microsiervos)

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La mucha información confunde más que orienta

Noviembre 18, 2008

tunelEscucho en la radio acerca de la reciente publicación de un estudio sobre la señalización de tráfico en quince países de la Unión Europea, con la participación de los distintos clubes automovilísticos. Una de las conclusiones más preocupantes del estudio revela que seis de cada diez europeos tienen problemas para comprender correctamente la señalización de la carretera. Según recoge el informe, un 53,6% de conductores españoles considera que hay demasiadas señales de dirección en un solo punto; el 39,3% que las señales son difíciles de reconocer por la existencia de vallas u otros obstáculos; y el 35%, que la información de las mismas es muy compleja.

Por otro lado, el estudio antes aludido revela también que, al parecer, la señalización en las vías urbanas no es la más adecuada. Según Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados, el motivo puede atribuirse a que

“las señales las hacen personas que conocen el lugar y dan por supuesto que los usuarios saben a dónde deben dirigirse, y no se ponen en el lugar de las personas que desconocen el lugar”.

A continuación muestro un vídeo donde se recoge la noticia:

Como puede verse, la situación de desinformación y mala comunicación es preocupante.

Qué nos enseñan las señales de tráfico

¿Podemos extraer alguna enseñanza de este estudio no sólo como conductores, sino también como presentadores? Seguro que sí.

  • Menos es más. Demasiada información no sólo no ayuda a comprender mejor el mensaje, sino que confunde y desorienta. Las transparencias deben ser sencillas, sin incluir demasiados elementos, eliminando todo lo superfluo, como clipart, logos, cabeceras, pies, y demás elementos que no hacen bonito y sólo sirven para distraer y añadir ruido. Si una transparencia contiene demasiada información, entonces ésta debería repartirse entre dos, tres o más transparencias, de manera que se alcance un equilibrio. No por incluir mucha información en una transparencia se verán más claramente las relaciones entre los datos. El cerebro tiene una capacidad limitada de procesamiento y asimilación de información y resulta muy fácil saturarla. Ahora bien: simplifica, pero sin pasarte.

Menos es más

  • No asumas que la audiencia sabe tanto como tú. Si no te metes en la piel de la audiencia, te resultará difícil sintonizar con sus conocimientos y expectativas. Como consecuencia, la presentación no conectará con ella y acabará en fracaso. Cuando sabemos mucho sobre un tema, puede resultarnos casi imposible imaginarnos que otras personas no sepan tanto como nosotros. Es lo que Chip y Dan Heath denominan la “maldición del conocimiento”. Encuentra cuál es el lenguaje de la audiencia y háblalo. Tú debes ponerte a su nivel, no esperes que ella se eleve al tuyo.

No asumas que la audiencia sabe tanto como tú

Recordemos estas enseñanzas en todas nuestras presentaciones y podremos transportar a la audiencia sin accidentes hasta el destino.

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Presentaciones de altos vuelos

Noviembre 17, 2008

¿Cuántas veces en nuestra vida asistiremos a una presentación más importante que las que recibimos a bordo de un avión, antes de despegar, para informarnos acerca de las medidas de seguridad de la aeronave y sobre las reacciones en caso de un incidente? Y sin embargo, ¿quién les presta atención? Confiésalo. En cuanto las azafatas comienzan a escenificar el consabido discurso, desconectas automáticamente y te enfrascas en tu periódico, tu libro, tu PSP o directamente te recuestas para dormir. ¡Nadie a bordo escucha la presentación!

Leo en el blog de slide:ology que la compañía Virgin America ha reaccionado ante la apatía generalizada de los viajeros con la creación de un original vídeo que todos los pasajeros pueden cómodamente visionar en sus pantallas personales. Aunque está en inglés, se entiende con mucha claridad.

Este ejemplo demuestra una vez más que no existen temas aburridos, sólo presentadores aburridos. ¡Atrévete a ser diferente!

Otra forma original y extrema de atraer la atención sobre viejos temas como las instrucciones de seguridad en un avión es la de Tyler Durden del Club de la Lucha:

Ninguna compañía aérea se atreverá a incluir folletos semejantes en sus aviones, aunque como dijo Paul Arden:

“Cuanto más sorprendente es algo, más se recordará.”

¿Cuál es la lección para las presentaciones? No sigas los caminos trillados. Es cierto que hacer lo que todo el mundo hace garantiza el acierto. Después de todo, “a nadie lo despiden por comprar IBM”. Pero también el aburrimiento y el olvido. Acertar siempre es relativamente fácil. Basta con aplicar las fórmulas ampliamente aceptadas que siempre han funcionado. Así queda uno anclado en el pasado: las respuestas proceden de lo conocido y no dejan lugar para la originalidad. Atrévete a equivocarte. ¡Sé diferente!

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¿Has visto alguna presentación que por algún motivo u otro consideres diferente? Si está disponible en Internet, ¡comparte el enlace con el resto de lectores!


Un gran conejo ameniza la espera de la audiencia

Noviembre 16, 2008

Audiencia aburrida¿Nunca has estado aburrido, sin saber qué hacer, esperando a que empiece una conferencia? No conoces a nadie a tu alrededor, así que enciendes el portátil o jugueteas con tu PDA. Seguro que a todos nos ha ocurrido más de una vez. Por lo tanto, no debemos cometer el mismo error cuando nos toque el turno de organizar un evento, charlas o conferencias. Deberíamos pensar en formas de amenizar la espera de la audiencia.

Ya os hablé en una entrada anterior de la magistral ocurrencia de Jon “Maddog” Hall de entretenernos con una charla previa a su conferencia plenaria mientras se llenaba el auditorio. Su pre-charla era distinta de la programada que vendría después, pero íntimamente relacionada con el tema del congreso: el software libre.

Inspirado por las ocurrencias de Chema “Maligno” Alonso, gran maestro de ceremonias y excelente conferenciante, utilicé para la última edición de las conferencias FIST celebrada el viernes pasado la proyección de un corto de animación: Big Buck Bunny, desarrollado enteramente mediante software libre y disponible públicamente con licencia de reconocimiento de Creative Commons (la misma licencia utilizada para los contenidos de este blog).

La elección de este corto vino motivada porque a continuación yo daría una charla sobre CrypTool, la herramienta de código abierto más utilizada en todo el mundo para la enseñanza de la criptografía, también un proyecto de software libre. Las transparencias de la presentación están disponibles en SlideShare:

Si optas por amenizar la espera de la audiencia antes de una charla mientras va llegando el público o mientras se ultiman los detalles técnicos antes de poder dar comienzo, existen multitud de opciones a tu alcance: puedes recurrir a una breve pre-charla, a una proyección de fotografías, a un corto, un documental, video clips, lo que sea, siempre y cuando esté relacionado con el tema central de la conferencia.

Esta última puntualización es importante. Cuando se introducen elementos extraños en una presentación debería existir una poderosa razón para ello. Un chiste puede distender el ambiente, pero debería guardar relación con el tema de la charla. Una anécdota puede despertar el interés de una audiencia cansada, pero debería guardar relación con el tema de la charla. Un vídeo espectacular puede impresionar a toda la audiencia, pero debería guardar relación con el tema de la charla. Nunca deberíamos emplear efectos por el efecto en sí: porque hace gracia o porque hace bonito. Debe siempre existir un poderoso motivo y debe siempre relacionarse con el tema central. A partir de ahí, el resto es creatividad.

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¿Has visto en congresos o eventos otras formas originales de amenizar la espera de la audiencia? Comparte tus experiencias con el resto de los lectores.


Pánico en el estrado (II): cartografía de miedos al discurso

Noviembre 14, 2008

En la entrada anterior abordamos el desafío planteado por el miedo a hablar en público. Vimos el catálogo de respuestas corporales suscitadas por el miedo, pero quedó sin responder el interrogante más acuciante: ¿a qué le tememos cuando hablamos en público?

Cartografía racionalizada de miedos al discurso

Consideremos la siguiente cartografía para orientarnos por la irracional geografía de los miedos al discurso. A cada oscura región de este subterráneo país le opondremos unas razones que disipen sus tinieblas.

1. Hacer el ridículo

Se trata del miedo más imponente, el atávico sentido del ridículo tan español, tan nuestro. Tememos hacerlo tan mal que toda la audiencia se reirá de nosotros. Racionalización: Nadie se va a reír por muy mal que lo hagamos. El público simpatiza con el orador y observa con benevolencia sus errores. Si lo hace mal, el público se compadece, sufre, pero no se ríe. El público está de nuestra parte. Quiere que lo hagamos bien.

Hacer el ridiculo

2. Quedarnos en blanco

Cuando el miedo se convierte en pánico, los nervios pueden bloquear nuestra mente. No sabemos qué decir, no podemos pensar, no encontramos palabras. Estamos paralizados. Racionalización: Claro que podemos quedarnos en blanco. Aceptémoslo y preparémonos para la eventualidad. Contamos con numerosas ayudas: podemos llevar el texto del discurso por escrito y leerlo si perdemos el hilo; podemos utilizar notas que nos indiquen qué idea viene a continuación; podemos usar transparencias para saber en todo momento dónde estamos y qué decir. Prepárate para los apagones mentales, y verás que paradójicamente suceden con menor frecuencia.

Quedarnos en blanco

3. No estar a la altura

Hay gente que habla tan bien… ¿Cómo vamos a igualar a Fulano o Mengano? ¿Y si nos toca hablar después de Zutano, magnífico orador? ¿Y si mis jefes consideran que he estado mal y me despiden? ¿Y si se pierde el proyecto por mi culpa? Racionalización: Salvo que seamos oradores o comunicadores profesionales, nuestra misión no consiste en deslumbrar con nuestra oratoria, sino en comunicar con claridad nuestro mensaje. Nadie nos juzgará por una habilidad que no se supone deberíamos tener. Después de todo, como decía Mark Twain: “No te preocupes, tampoco esperan demasiado”.

No estar a la altura

4. No saber responder

Tememos que nos hagan preguntas tan difíciles que nos pongan en evidencia delante de todos. Tememos no saberlo todo, pensamos que deberíamos saber más que nadie en la sala. Racionalización: Ni lo sabemos todo sobre todo ni nadie en la audiencia espera que así sea. Podemos admitir abiertamente: “No lo sé”. Nuestro papel como conferenciantes no consiste en saber más que nadie, sino en comunicar bien lo que sabemos. El público valora más la buena comunicación que el conocimiento enciclopédico.

No saber responder

5. Cometer errores

Aunque errar es humano, no nos permitimos ni un desliz, ni una palabra mal pronunciada, ni una muletilla. Somos tan críticos con nosotros mismos que la perfección nos parece poca cosa. Nos obsesiona la posibilidad de cometer un error, por nimio que sea. Racionalización: No existe la presentación perfecta. Nuestro objetivo fundamental debe ser comunicar una idea. ¿Qué importancia tienen pequeños errores y fallos si hemos conseguido conectar con la audiencia? El público los perdona con benevolencia.

Cometer errores

6. Aburrir al personal

No creemos que vayamos a interesar a la audiencia: “seguro que se aburren”, “seguro que se duermen”, “seguro que se levantan y se van”. Racionalización: Conectar con la audiencia y mantener su interés es fundamental. Sin embargo, que quede claro que resulta absolutamente imposible alcanzar este objetivo con todos los asistentes durante toda la intervención. No podemos controlar las reacciones de la audiencia. Éste se aburre porque se equivocó de sesión y le da vergüenza levantarse. Ése se duerme porque el bebé no le permitió pegar ojo la noche anterior. Aquél sale corriendo de la sala porque tiene que atender una urgencia. Tendemos a pensar lo peor. Fijémonos en la reacción general de la audiencia, no en casos individuales.

Aburrir al personal

7. Sentir nervios

Estamos seguros de que nos pondremos nerviosos. De hecho, aún no nos ha tocado el turno de hablar y ya nos late el corazón aceleradamente y nos sudan las manos. Racionalización: Como ya se dijo en la entrada anterior, sentir algo de miedo es normal. Todos los oradores experimentan nervios cuando suben al estrado. Forma parte natural del arte de presentar. No es el fin del mundo. Si aprendemos a controlarlos, no sólo no nos impedirán hablar sino que nos aportarán los reflejos necesarios para maniobrar con prontitud ante las reacciones cambiantes de la audiencia.

Sentir nervios

El miedo es irracional y no se combate con razones. En próximas entradas estudiaremos estrategias para afrontar el miedo antes de una presentación.

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¿Existe algún otro miedo, no incluido en esta breve cartografía, que hayas experimentado alguna vez al hablar en público? ¿Conoces soluciones infalibles para estos miedos? Comparte tus experiencias con el resto de lectores mediante un comentario.


Pánico en el estrado (I): catálogo de reacciones ante al miedo

Noviembre 12, 2008

Según las estadísticas presentadas en el libro de curiosidades “The Book of Lists“, hablar en público se sitúa a la cabeza de todos nuestros miedos, por delante incluso del miedo a la muerte, que ocupa un modesto cuarto lugar. Estos sorprendentes datos llevaron al famoso comediante Jerry Seinfeld a la conclusión de que en un funeral la mayoría de los asistentes preferirían estar en el ataúd que pronunciando el panegírico del difunto.

Hablar en público ocasiona miedo escénico

Para la mayoría de nosotros hablar en público puede convertirse en una experiencia aterradora. Según la definición proporcionada por el pensador español José Antonio Marina en su obra “Anatomía del miedo”:

“Un sujeto experimenta miedo cuando la presencia de un peligro le provoca un sentimiento desagradable, aversivo, inquieto, con activación del sistema nervioso autónomo, sensibilidad molesta en el sistema digestivo, respiratorio o cardiovascular, sentimiento de falta de control y puesta en práctica de alguno de los programas de afrontamiento: huida, lucha, inmovilidad, sumisión.”

El miedo

A la vista de esta vívida descripción, cabe preguntarse: ¿qué peligro objetivo puede existir al hablar en público? ¿Por qué sentimos pánico? No va a hundirse el estrado bajo nuestros pies ni desplomarse el techo sobre nuestras cabezas. No nos van a tirar tomates. Ni siquiera van a abuchearnos por mal que lo hagamos. Y a pesar de todo, subir al estrado y tomar la palabra ante un auditorio nos incomoda, nos agobia, nos espanta:

  • Temblequean manos y piernas
  • Sudan excesivamente las palmas
  • El corazón late aceleradamente
  • Falta el aire
  • Se tensan los músculos
  • Se crispan las manos
  • El rostro se ruboriza
  • Se pierde la concentración
  • Aparecen molestias gastrointestinales
  • Tiembla la voz
  • Se seca la boca

Curiosamente, cuanto mayor es la audiencia más se agudizan las respuestas del miedo. Existe en nuestras mentes una relación inconsciente de proporcionalidad entre nuestros nervios y el tamaño de la audiencia, es decir, entre el número de ojos clavados en nosotros. A grandes audiencias, grandes temores. Como si fuera menor el esfuerzo para hablar ante tres que ante trescientos.

A grandes audiencias, grandes temores

Tener miedo a hablar en público es natural

Todos los oradores, con independencia de los años de experiencia, sentimos miedo antes de salir a escena. Lo que distingue a los grandes oradores es que aceptan la sensación de temor sin que llegue a dominarles. De hecho, ni siquiera es deseable suprimirlo por completo, porque sin miedo no hay tensión, y sin tensión no hay reflejos. Una pequeña dosis de tensión ayuda a hablar mejor.

El miedo se puede controlar, pero no se puede suprimir

Aprender a cabalgar sobre el tigre

José Antonio Marina nos recuerda en “Anatomía del miedo” que

“Valiente no es el que no siente miedo -ése es el impávido, el insensible-, sino el que no le hace caso, el que es capaz de cabalgar sobre el tigre.”

¿Sientes miedo al hablar en público? No te angusties, es normal, todos lo sentimos. Comenzaremos a vencer nuestro miedo cuando asumamos que hemos de convivir con una pequeña dosis de nervios en cada una de nuestras intervenciones. En próximas entradas veremos las estrategias para afrontarlo y usarlo en nuestro beneficio. El miedo es un terrible señor, pero un valioso esclavo.

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¿Alguna vez has sentido miedo hablando en público? ¿Has experimentado alguna de las respuestas del miedo? Comparte tus experiencias con el resto de lectores mediante un comentario.


Presentación sin complejos de un perro rabioso

Noviembre 8, 2008

Jon Hall, apodado en su juventud “Maddog” (perro rabioso), representa a sus sesenta años una leyenda viva del movimiento por la adopción del software libre: presidente de Linux International y activo evangelizador por todo el mundo de las virtudes del código de fuentes abiertas, del cual Linux constituye sin lugar a dudas el ejemplo paradigmático.

Esta semana hemos gozado del placer de su compañía en España con motivo de la celebración del III Congreso de Software Libre de la Comunitat Valenciana, en el que yo mismo participé con una ponencia sobre el software libre CrypTool para el aprendizaje de criptografía, cuyo desarrollo y difusión en español lidero. En su ponencia en el auditorio del Palacio de Congresos de Alicante, Jon “Maddog” Hall nos regaló una charla excepcional. Su intervención estaba programada para las 16.30 del jueves, pero dado que el auditorio ya había empezado a llenarse a partir de las 16.00, Jon nos deleitó con una “pre-charla” sobre las semejanzas entre la industria de las pianolas, que floreció a principios del pasado siglo, y el software libre. Extraordinario ejemplo de cómo entretener a una audiencia mientras espera para la charla principal.

Posteriormente, cuando llegó el momento de su tan esperada conferencia, titulada Free and Open Source Teaches You Twice (and maybe three times), se ausentó del escenario y reapareció momentos después para ser formalmente presentado ¡con una máscara de George Bush! Nos explicó que acababa de celebrarse Halloween, una fiesta muy popular en Estados Unidos, y la cara del ex-presidente estadounidense fue la máscara más aterradora que había sido capaz de encontrar para su disfraz. Posteriormente se sirvió de la máscara para explicar diversos datos y situaciones. Un inicio espectacular para una charla excepcional.

Jon Hall inició su intervención disfrazado con una máscara de George Bush

Jon Hall inició su intervención disfrazado con una máscara de George Bush

Qué duda cabe que en una presentación lo que más importa es el contenido de la mismo. Pero existen formas de iniciarla que conectan automáticamente con la audiencia. Sintonizar con ella desde el primer segundo de la intervención es todo un arte que sólo unos pocos maestros llegan a dominar.

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El mayor pecado es pasarse del tiempo

Noviembre 5, 2008

Confesionario“Ave María purísima.”

“Sin pecado concebida. ¿De qué te acusas, hijo?”

“Tuve que hacer una presentación de 20 minutos en un congreso, pero estuve hablando más de 40.”

“¡Cielo Santo! ¿Hablaste más del doble del tiempo?”

“Sí, padre. Verá, yo, es que …”

“Calla, desalmado. ¿Te das cuenta de lo que has hecho? Se puede aburrir al personal. Se pueden utilizar transparencias horribles. Qué se yo, incluso se puede tartamudear y mirar todo el rato para el suelo. Pero nunca, nunca, nunca, bajo ningún concepto, se puede uno pasar del tiempo asignado para la presentación. Grave ha sido tu falta y dura será tu penitencia.”

Pasarse del tiempo representa la mayor falta de respeto que un ponente pueda mostrar hacia la audiencia y hacia el resto de ponentes

No podemos cometer mayor pecado durante una presentación que superar el tiempo asignado, especialmente cuando ésta forma parte de un evento en el que varios ponentes toman la palabra por turno unos detrás de otros. Tengamos en cuenta que cuando nos pasamos de tiempo:

  • El público se inquieta y empieza a mirar el reloj, preguntándose cuándo va a terminar la charla.
  • El siguiente orador se irrita porque le están robando su tiempo y tal vez tenga que acortar su propia charla.
  • Todo el programa se retrasa, con lo que se acorta o desaparece la pausa para el café, o se llega tarde al bufé y ha desaparecido el jamón.
  • No queda tiempo para preguntas, uno de los aspectos más importantes de toda presentación en un evento: el diálogo con la audiencia.
  • Demostramos ser unos egocéntricos y unos egoístas, incapaces de mostrar consideración por nadie.

Que nadie se angustie porque su presentación sea más corta que las del resto o porque no apure el tiempo asignado. Después de todo, ¿alguna vez alguien se ha quejado de que una presentación fuese demasiado corta? La audiencia no sólo no se quejará, sino que nos estará eternamente agradecida. No agotar el tiempo asignado se considera una cortesía.

El mayor pecado es pasarse del tiempo

Estrategias para gestionar el tiempo

¿Qué podemos hacer para controlar el tiempo y no pasarnos?

  • En primer lugar, debemos dimensionar adecuadamente la presentación. El problema de la mayoría de las presentaciones es que se pretende decir demasiado en demasiado poco tiempo. ¡No tiene sentido intentar contarlo todo sobre un tema en 15 ó 30 minutos! Normalmente, nos pasamos del tiempo cuando no hemos sido capaces de destilar la idea fundamental que deseamos transmitir. Eliminemos todos los detalles irrelevantes que no contribuyen a comunicar el mensaje.
  • Una estrategia de gran eficacia para mantenernos dentro de los límites y de paso mejorar otros muchos aspectos de nuestra presentación consiste en realizar ensayos. Sólo así sabremos cuánto tiempo exactamente nos llevará la presentación. Ensayar no es pensar lo que se dirá con cada transparencia ni repasarlas mascullando para uno mismo. Ensayar significa ponerse de pie y cronómetro en mano hacer una presentación en toda regla, aunque sea en una sala vacía.
  • También podemos utilizar recordatorios de tiempo durante la presentación. Un colega puede avisarnos discretamente del tiempo que nos va quedando mediante señales convenidas. He visto a ponentes cargar un reloj en la pantalla a la vista de todo el público, demasiado llamativo por lo que lo desaconsejo. Idealmente, recomiendo el uso de un dispositivo de control remoto de presentaciones con vibrador, como el que comercializa Logitech. Antes de la charla, se le programa el tiempo disponible y el dispositivo vibrará discretamente en nuestra mano cuando falten cinco minutos para terminar y por segunda vez cuando falten dos minutos.

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El zapping llega al PowerPoint

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¿Utilizas alguna otra estrategia para controlar el tiempo? Comparte tus experiencias con el resto de lectores.


El zapping llega al PowerPoint

Octubre 29, 2008

Los lectores más jóvenes posiblemente no habrán conocido aquellos tiempos heroicos de la televisión UHF en los que para cambiar de canal había que levantarse del sofá y dar vueltas a un sintonizador en el monitor hasta que tras violentas tormentas de nieve hertziana se recibía una nueva emisión. “Niño, cambia de canal”, era la aborrecida orden que recibíamos de estamentos superiores en el escalafón familiar. Afortunadamente, los mandos a distancia vinieron a resolver esta incomodidad, liberándonos a los niños de la explotación de padres y hermanos mayores.

Avanzar las transparencias es todo un reto

En las presentaciones, el ponente se enfrenta a un problema parecido. Si el portátil con la presentación digital está alejado de donde él se encuentra, ¿cómo puede hacer avanzar las transparencias?

He visto cosas que vosotros no creeríais.

He visto ponentes pasar las transparencias caminando desde el atril al portátil y del portátil al atril, ¡así con cada transparencia! Obviamente, las charlas se transforman en una exhibición de forma física considerable, acabando con el ponente jadeante y sudoroso.

He visto ponentes afrontar el reto con la ayuda de un colega. Mientras uno habla, le hace señas al compañero sentado junto al portátil, quien hace avanzar las transparencias. Las dificultades surgen cuando no se entienden bien y el compañero pasa la transparencia a destiempo: “Esa no, la otra”, “No, espera, no, ahora, sí, dale”. El efecto a veces resulta incluso cómico.

He visto ponentes sentarse junto al ordenador y no moverse de la mesa, perdiendo de esa forma la oportunidad de interactuar mejor con el público y de eliminar la barrera psicológica que supone la mesa interpuesta entre él y su audiencia. Anclados al portátil, semejan más un busto parlante que un ponente.

Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de zappear.

La tecnología hace años que ha resuelto el problema del avance de transparencias

Existen unos pequeños dispositivos llamados controles remotos para presentaciones. Se trata de un mando a distancia inalámbrico que permite avanzar las transparencias desde una gran distancia, cómodamente y con total naturalidad. Su bajo precio los hace muy asequibles. ¡Imprescindibles para todo presentador! Cómprate uno y nunca jamás tendrás que darte esos paseíllos de ida y vuelta al ordenador durante una presentación.

Consejos para una buena compra

¿Qué características debemos tener en cuenta cuando compremos un control remoto para presentaciones?

  • Ergonómico: Debe ser pequeño y caber cómodamente dentro de la mano. Cuantas menos funciones, menor tamaño.
  • Simple: Para mi gusto, el mejor mando es el más simple. Con dos botones basta: uno para avanzar y otro para retroceder. No recomiendo los que incorporan un ratón: añaden tamaño al dispositivo y resultan difíciles de manejar.
  • Largo alcance: Normalmente uno no se aleja más de 4 ó 5 metros del portátil, pero por si acaso, no está de más comprobar que el alcance sea algo superior para el caso de hablar en salas realmente grandes.
  • Puntero láser: La mayoría vienen equipados con uno. Si se es usuario habitual de los punteros láser, que venga incorporado al mando a distancia evitará el tener que hacer malabares entre distintos dispositivos a lo largo de la presentación. En cualquier caso, no recomiendo su uso.
  • Vibración: Algunos incluyen un vibrador que avisa cuando se está agotando el tiempo asignado para la charla. Una característica realmente útil para controlarnos el tiempo. Tenla en cuenta a la hora de decidirte por un modelo.

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